crear necesidadesCrear necesidades es una de las metas del marketing del siglo XXI, allá donde hay una necesidad “creada” hay una venta asegurada. Por eso, a través de la propaganda y de todo tipo de mensajes subliminales (en películas, vídeos, televisión…), nos hacen creer que para ser felices necesitamos más de lo que tenemos y acabamos siendo más infelices que antes de que nos hablaran del tema. Aquí tienes un vídeo crítica que hace referencia al tema.

Hace mucho que creo firmemente que necesitamos lo mínimo para ser felices, pero cuando se lo cuento a algunas de mis amigas me miran como “la hippie que se chuta caracoles justo antes de dormir”.

La gente a la que no le pueden crear necesidades es más pobre pero más feliz

Fíjate en la gente que pasa hambre, muchos bailan a todas horas y disfrutan con poco como si tuvieran de todo, comparten todo porque están acostumbrados a vivir sin ello. Y, si alguna vez has viajado a un país subdesarrollado, sabrás que cuando vuelves de allí traes una energía diferente. De repente haces consciente que con menos eres más, eres más feliz, te siente mejor, eres más generoso porque no te hace falta tanto…

Pero si todavía crees que estoy perdiendo el norte, fíjate en los niños que no tienen familia. Estoy harta de ver a mi alrededor personas que han crecido sin su familia. Ellos valoran mucho más los pocos familiares que les quedan que personas de familia estructurada. Eso no quiere decir que la gente que tiene familias “normales” no las quieren o las valoran, solo que tienen más facilidades el que tiene menos porque lo valora más.

Por qué tener menos es valorar más

Siempre observaba esta notable felicidad en aquellas personas que no tenían las comodidades que yo tengo  pero nunca me planteaba el motivo. El motivo es que cuanto más tenemos más necesidades creamos.

Si yo estoy acostumbrada a dormir en el suelo el día que tengo una cama, da igual que sea de muelles y la mitad estén salidos, la disfruto como una enana. En cambio si yo duermo cada día en una cama de visco látex con un cojín adaptado a mi espalda y sabanas de franela en invierno y de seda en verano, el día que me dan una cama de muelles me parecerá una porquería.

Con esto no te estoy diciendo que lo mejor es que dejes todas tus comodidades y pertenencias y te vayas a vivir a una chabola. Simplemente quiero decir que, tal vez, el día que nos den la cama de muelles con la mitad rotos y nos pinche en la espalda durante toda la noche; seamos capaces de ver que no es la situación más agradable del plantea pero que tenemos una cama para dormir. Volviendo al artículo El arte de enfocarse en lo que va bien, la clave es ver la otra perspectiva: “estoy disfrutando de una cama cuando en realidad podría estar en el suelo”. Relativizar es la clave.

La cultura influye

Luego está la parte que nos obliga un poco a ser así, nuestra cultura, nuestra sociedad, un sistema en el que lo importante es que consumas.

No lo critico, soy consciente de que gracias a ese sistema tengo todas las comodidades que tengo y me puedo permitir muchísimas cosas que mucha gente no puede. Pero no hay que dejar que la manera en que está montado un sistema te impida ser feliz porque entonces se convierte en un “problema”, por lo menos para mí que ser feliz es una de mis principales objetivos, por no decir el único, y aunque sé que puede parecer un objetivo egoísta (aquí tienes más información sobre mi reflexión acerca de si ser feliz es un objetivo egoísta) irónicamente gracias a él trato de hacer las cosas para con los demás lo mejor que puedo o sé, eso me hace feliz.

Soluciones vendo que para mí no tengo

Para poder ordenar las reflexiones yo siempre necesito algo que resuelva la manera de ponerla en práctica, por eso, no te preocupes que te explico la manera de resolver este pequeño problema con las necesidades creadas en: Ser agradecida es la clave para ser feliz.

Aprendamos juntas a disfrutar de lo que no necesitamos y aun así tenemos.

 

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