juzgar nos perjudica a nosotrosEl día que me di cuenta de que estamos tan acostumbrados a juzgar que ni siquiera nos damos cuenta, fue durante uno de los viajes que más me ha enseñado.

En ese viaje conocí a una persona de otro continente que me ayudo a ver tantas cosas que aquí hacemos habitualmente. Cosas que hemos normalizado tanto que las hacemos casi sin pensar en cómo se sentirán los demás con ello.

Durante uno de los trayectos que hice a lo largo de aquel viaje con esa persona, y con unos cuantos más, me comentó lo mucho que juzgábamos en grupo a los que no  hacían las cosas igual que nosotros. La verdad es que no lo hacíamos con ánimo de ofender, ninguno de los que allí estábamos, pero definitivamente tenía razón.

Ya había tenido contacto antes con esta sentencia, una vez mientras tenía un debate sobre las apariencias, el amor que se le tiene a los trajes y a la gente que va bien vestida, y cosas de este estilo; una de las personas allí presente  me hizo ver que tan prejuicioso es el que se fija en que los otros vayan bien vestidos de traje y repeinados, que yo cuando decía que prefería a las personas que no se preocupaban tanto por su apariencia. Puede que no sea el prejuicio típico pero tenía razón era un prejuicio también.

Tomar una decisión no es fácil¿Quién decide que las personas que van de traje y corbata no son personas maravillosas? y ¿quién decide que el que va de hippie no sea un sinvergüenza que se pase el día robando carteras a abuelitas indefensas? (mis pobres abuelitas). Aquella fue una de las primeras lecciones, pero después vinieron muchas más.

Durante algún tiempo he perdido muchas oportunidades de conocer a personas fantásticas, sólo porque creía que no íbamos a encajar, pensaba que al no ser como yo no me iba a sentir bien a su lado.

Por este motivo he decidido compartir contigo algunas cosas importantes a tener en cuenta cuando nos ponemos a juzgar, para que no te pase lo mismo.

  1. Se consciente de que estas juzgando

Te parecerá muy lógico todo ¿verdad? Pues lo cierto es que no es tan fácil como parece, estamos tan acostumbrados a juzgar notamos que lo hacemos. Te pondré un ejemplo:

amigas hablandoImagínate que estás en el banco de enfrente del trabajo de tu amiga, esperándola, y sale ésta riéndose y haciéndose carantoñas con un chico. Tú que conoces bien a tu amiga y sabes que no desperdicia una oportunidad, y que ese chico es muy guapo, lo tienes claro. Cuando llega tu amiga se lo comentas. ¿Qué le comentas a tú amiga?

a) Que rápido has encontrado a tu príncipe azul del trabajo…

b) ¡Ah! ¡Genial! Le esas buscando novio a Jacinto (Jacinto es nuestro amigo gay, por si no ha quedado claro)

Lo voy a dejar a medias, pero todas sabemos que nuestra amiga no se sacrifica tanto por Jacinto.

No es verdad. La realidad es que sea la respuesta que sea estamos prejuzgando, no hay pruebas suficientes de que es lo que está pasando. Por eso mantén la mente quieta solo unos segundos más hasta que le puedas preguntar abiertamente a tu amiga.

Esto mismo aplícalo al resto de juicios que hagas durante el día.

  1. Analiza que pruebas hay del delito

analizanosLo que decía antes. No tengo las pruebas suficientes para determinar que está pasando. Igual que tampoco tengo pruebas suficientes como para saber que mi nueva compañera de proyecto está amargada, cabe la posibilidad de que esté pasando una época difícil y estamos aquí decidiendo.

Aprende a observar más antes de llegar a una conclusión, y con mas no me refiero a 8 o 9 horas, observa durante el tiempo suficiente para estar segura de que lo que estás pensando es cierto. Solo cuando estés 100% segura te dejaré que pases a la siguiente fase.

  1. Piensa que virtudes puede tener la otra persona y cambia el foco de atención

¡Vamos! Insiste un poco. Todos tenemos puntos fuertes, no te dejes llevar por sus imperfecciones.

creer que sabemosEn caso de que no encuentres ese punto fuerte (seguro que porque no conoces a la otra persona lo suficiente) obsérvate a ti misma, que nos deje de preocupar el resto y empecemos a preocuparnos un poco más por nosotras.

En caso de que esté 100% segura de que el carácter de mi compañera de trabajo es un poco agrio y que no está pasando por nada especialmente desagradable. En ese momento buscaré sus características positivas, ¿trabajadora tal vez? Y si no las encuentro me tendré que recordar a mí misma la cantidad de imperfecciones que tengo. Estoy yo como para buscarles los defectos a los demás. Y no pasa nada, mis defectos son mis virtudes. Lo que me lleva al siguiente paso.

  1. Acéptate y sé menos crítica contigo misma

Gran parte de las veces las personas que tendemos a juzgar somos las mismas personas que nos pasamos los días corrigiéndonos, solemos ser personas muy autoexigentes a veces con una autoestima un poco rota.

quiereteAprende a aceptarte con imperfecciones y todo. Proponte durante una semana dejar de  corregirte a ti misma. Durante esta semana procura ser consciente en que momentos te corriges o te criticas. Cuando te des cuenta de que lo estás haciendo sé comprensiva contigo misma, recuérdate que no hay nadie perfecto y que tienes un millón de virtudes, haz una lista de ellas y después deja marchar la crítica.

Cuando acabe la semana fíjate en como a afectado este ejercicio en tu relación con los demás.

Juzgar es solo una manera de sentirte mejor cuando te comparas con los otros, no necesitamos compararnos con nadie.  Especiales somos todos peros diferentes también.

Creo que ya di un ejemplo parecido a este, si yo fuera una pianista alucinante y me paso la vida comparándome con Mozart o Beethoven, la verdad es que no estoy muy metida en el mundo del piano pero casi seguro que es difícil superarles, voy a pasarme la vida creyendo que no avanzo solo porque no supero a una persona que no soy yo. Probablemente si comparo como toco el piano ahora a como lo tocaba hace 3 años, si he practicado lo suficiente, seguro que ha mejorado mucho.

Sólo la comparación con nosotros mismos será justa, ya que ahí sí que estas obteniendo una medición auténtica.

A nadie se le ocurre comparar los grados Fº con los Cº porque no son dos patrones de medida comparables.

Te animo a que te propongas una semanita sin críticas. Obviamente vas a criticar y vas a criticarte pero, al menos, estate atenta cuando lo hagas y no le des valor.

¡Aprendamos juntas a decirle adiós a la crítica!

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