enfocarse en lo que va bienEstas semanas he estado leyendo un libro que me ha parecido muy interesante, El arte de no amargarse la vida de Rafael Santandreu, y me ha recordado algo que con facilidad olvido y me apetece mucho compartir contigo: “podemos ser felices bajo cualquier circunstancia siempre y cuando tengamos comida y techo donde dormir, la clave es enfocarse en lo que va bien”. Puede ser más o menos difícil disfrutar de la vida si te falta salud tal vez, pero definitivamente es posible. 

Y tú pensarás: “esta chica está fatal de la olla ¿cómo puede ser feliz alguien sin salud si apenas puede hacer nada?” Pues dos ejemplos perfectamente validos he encontrado en este libro: el primero es Stephen Hopkins y el segundo Christopher Reeve, ambos encontraron la manera de tener una vida feliz pese a no tener salud, al menos así lo definían ellos y sus familias. Hablo de ellos porque son personas conocidas pero te sorprendería la cantidad de documentales que hay de personas que salen adelante con problemas de salud irreversibles.

¿Qué diferencia hay entre estas personas y yo?

Yo o nosotras, depende lo feliz que seas tú te puedo incluir también, nos hemos acostumbrado a vivir pensando que todo es horrible. Para que me entiendas mejor te pondré un ejemplo:

Perspectiva 1. Sin enfocarse en lo que va bien

Hace unos meses que estoy cumpliendo con mi sueño de viajar sin fecha de vuelta, y aunque pudiera parece que es ideal, no es así.

Para empezar, viajo en unas circunstancias un poco “especiales”: uso poco dinero o nada, por tanto me toca compartir mucho el espacio, a veces tengo que trabajar a cambio de comida y alojamiento y tengo que encargarme de coger el mínimo transporte posible y el más barato. En consecuencia, no puedo ir a casa cuando me da la gana sino cuando toca.

A veces, el pueblo en el que estoy ahora es aburrido y el tiempo pasa muuuuy despacio, más para mí que vengo de vivir en Barcelona una ciudad donde el tiempo va exageradamente deprisa.

También hay días que me enfado porque me mandan demasiado, porque me exigen, porque yo me exijo también, porque me surgen imprevistos.

Muchos días llueve y eso me impide disfrutar del verano.

Además, mi compañera es alemana y solo puedo comunicarme con ella en inglés, uno bastante malo porque no me molesté en aprenderlo cuando tenía que hacerlo.

estar tristeY lo más importante, casi todos los días, especialmente si me encuentro mal, echo mucho de menos un abrazote y mimos de mi familia. Otras veces mis amigos se juntan para hacer cosas que para mí son importantes y yo no puedo estar.

Encima estar en constante movimiento cansa, por lo menos a mí, y muchas veces me agobio porque todo va pasando constantemente sin que yo pueda hacer demasiado por alargarlo.

Y con esta historia dirás: “hija mía vuélvete a casa ya, menudo sufrir”.  Pero no, lo que acabo de hacer es “terribilizar”.

Perspectiva 2. La otra parte de la historia.

La que curiosamente yo estoy viendo.

Estoy disfrutando de unas vacaciones como siempre había soñado, sin fecha de vuelta.

No puedo ir al río todos los días pero no me importa porque en mi ciudad de origen tengo la playa al lado. Además como el agua del río de aquí está literalmente helada y me estoy acostumbrando, puede que este año decida bañarme en invierno algo sanísimo para mi cuerpo y mi circulación.

Estoy aprendiendo a compartir mi espacio y si te soy sincera no me preocupa el tema de la privacidad; puede que porque siempre me ha tocado compartir, o bien porque sé que es algo temporal.

Cuando trabajo a cambio  de comida y alojamiento me siento útil y pruebo cosas nuevas que a veces me despiertan intereses que no conocía.

Tener tanto tiempo (aunque reconozco que al principio mi mente me decía esto no acabará jamás) me da para hacer cosas que nunca antes tenía tiempo para hacer, y aun así a veces me falta porque entre el río y las visitas a otros pueblos la verdad es que ha vuelto a volarme el tiempo.

Estoy practicando muchísimo inglés, cosa que me viene genial porque andaba bastante verde.

disfrutando

Y lo más importante, adoro a mi familia pero estar por ahí dando vueltas hace que valore el triple su presencia cuando la tengo. Lo mismo me pasa con mis amigos, ha llegado un momento en el que ya no me siento desplazada cuando hacen planes sin mí porque yo no estoy nunca. Esto me pasaba especialmente al principio de llegar a Barcelona. Ahora me alegro de que mantengan la amistad para poder disfrutar de mi tiempo con ellas cundo vuelva.

Por otra parte, cuido muchísimo más mis relaciones desde que estoy lejos, eso jamás hubiera sucedido si estuviera allí todos los días y nunca me hubiera ido.

Estoy muy orgullosa de mi misma, de como estoy aprendiendo a disfrutar de cada regalo que me ofrece la vida y de como he dejado de sentirme mal cuando las cosas no van como a mí me gustarían, porque si todo fuera fácil casi seguro que me aburriría como una ostra.

Conclusión

Tras escuchar las dos historias ¿cuál eliges contar tú?

Yo, como es evidente, me quedo con la segunda. Parece que en algún momento de mi vida aprendí a enfocarme en lo que va bien, aunque a veces mi mente me lleva hacia la parte contraria.

La reflexión sería algo así como: es malo sí pero… ¿Me va a matar? ¿Va impedir que sea feliz? ¿Se me va la vida con ello? No. Entonces es malo pero no es horrible y podré salir adelante.

En términos de Rafael Santandreu evito la “terriblitis” (convertir algo un poco incómodo en terrible). En los míos relativizo, para que cuando algún día pase algo grave de verdad  encuentre la manera de situarlo en el sitio que le corresponde.

Aprendamos a relativizar y quedarnos con lo que va bien.

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