¿Tu también piensas que las comparaciones son odiosas? ¿Crees que “ser la mejor” sólo es demostrable si nos comparamos con otras personas? ¿Estás cansada de que toda tu familia te recuerde lo genial que le va  a tu prima la del pueblo porque se le da bien todo? Tranquila, todas estamos igual de cansaditas.

Puede que no te hayas fijado pero esta odiosa afición de compararnos constantemente, querer ser las mejores en todo y envidiar al que es mejor que tú,  es una auténtica tradición.

Ya desde bien pequeñas nuestros padres, con su mejor intención y todo su amor, intentan que seas la más educada, la más buena, la primera de la clase. Quizá exagero un poco, no todos los padres son iguales, pero cierto es que casi todo prefieren que sus hijos sean los mejores.

Cuando por fin empezamos a estudiar, la competición se desata, a ver quién aprende a leer más rápido, cuantas palabras lee en “x” minutos, quien lee mejor… En la misma escuela, unos años más tarde, nos empiezan a puntuar de 0 a 10, evaluando a la que más ha estudiado de la clase o a la más lista. Volvemos a hablar de la mejor de la clase (olvidando que no necesariamente un 4 significa menos horas de estudio, puede que signifique menos capacidad de concentración, que la asignatura no le interesa o cualquier otra cosa).

Según vamos madurando ya adaptadas, empezamos con ser la más guapa porque todas queremos gustar. Y, cierto es, que no nos falta presión social en cuanto a ser mujer y bella. Y cuando te das cuenta estás metida hasta las trancas en un trabajo que no te apasiona intentando ser “la mejor” y peleando por destacar, a veces ni siquiera sabes bien porque. Esta última soy yo, no tienes porqué sentirte identificada.

No es una crítica, es un sistema como otro cualquiera. Es más, la psicología social dice que el ser humano necesita compararse para comprobar su validez (puede que las palabras fueran otras, mi libro de social era muy denso y lo traduje a mi vocabulario particular). El caso es que llegamos a un punto de no retorno en el que no sabemos parar de compararnos y acaba pasándonos factura, porque a lo mejor lo que hace Fulanito o Menganito (me moría de ganas de usar estos nombres) no es lo que a mí me va bien y yo podría hacer algo que a ellos no.

– Hacerlo bien sin ser “la mejor”.

Tras esta reflexión que hace años que me ronda la cabeza, yo decidí hacerme la propuesta de empezar a hacer las cosas bien dejando un poco la perfección de lado y asumiendo así la NO necesidad de “ser la mejor”.

  • ¿Por qué?  5 ventajas de no necesitar “ser la mejor”

    -Tengo menos presión  cuando lo hago bien pero no me condiciona hacerlo mejor que los demás.

    -De rebote, como me siento más relajada porque tengo menos presión, me sale todo mejor.

    -Siempre me sorprenden gratamente los resultados.

    -Desde que lo hago (o lo intento) dedico menos tiempo a corregir y mejorar cada una de mis acciones. Por tanto, tengo más tiempo para disfrutar.

    –He ganado confianza en mi trabajo y en lo que hago.

  • ¿Cómo hacerlo?

    Pues simplemente no exigiéndome más de lo que puedo o me apetece. He descubierto que si invierto el tiempo que tengo o mi cuerpo puede dar,  tengo menos expectativas y me siento mejor conmigo misma. No me fuerzo a acabar algo que no puedo. 

    Y recordando que ser “la mejor” es muy relativo. Para mí mi padre es “el mejor” tocando la guitarra porque lo comparo conmigo (que soy bastante mala),  pero si empiezo a compararlo con grandes músicos guitarristas de éxito pues tendrá poco que hacer. Y ya ni hablar si me pongo a hablar de algún fuera de serie, a lo Paco de Lucia. ¿Es bueno mi padre? Sí. ¿Es el mejor? Pues depende en que nos enfoquemos.

Es verdad, no es trabajo fácil, y aquí estoy yo hablando del tema cuando he corregido 5 veces el borrador. Pero creo que vale la pena seguir intentándolo. ¿Lo intentamos juntas?

Cuéntame que reto te vas a poner esta semana, que trabajo vas a presentar sin repasarlo más veces, o bien que vas a dejar de revisar una y otra vez de tu trabajo. Yo, por mi parte, me comprometo a, durante esta semana, hacer una sola cosa a la vez en mi puesto de trabajo.

 

 

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