El arte de ser imperfecta

Respetarte, aceptarte, quererte y todas esas cosas que acaban en -te son posibles.

Mejora tu vida y crea el final de tu propia historia

Julia está cansada de vivir una vida que cree que no está hecha a su medida. Desde hace algún tiempo siente que no encaja en ninguna parte, que el agujero que tiene en el pecho la consume con una rapidez que le impide  reaccionar.

Más a menudo de lo que le gusta llora porque no soporta la tristeza que le invade cuando se da cuenta de que su vida ha cambiado. Sus amigos y familia siguen ahí, pero ella cree que solo están físicamente. Le invade una fuerte angustia cada vez que piensa en sí misma. Tomar una decisión es un dilema para ella, pues nunca está segura de haber elegido la opción correcta y, pese haber estado muchísimo más tiempo del adecuado dándole vueltas a la elección, se tortura diciéndose  a sí misma que necesitaba más tiempo.

 

Es una de esas personas que cuando va por la calle no se siente libre de hacer lo que le dé la gana porque cree que la juzgarán. Si dice alguna tontería delante de sus compañeros de trabajo, se replantea una y mil veces como puede haber sentado esos comentarios a los demás. Hasta se visualiza desde fuera para saber que hubiera pensado ella si lo hubiera dicho otro.

En cambio, os voy a describir como es Julia desde mi punto de vista, que no tiene nada que ver con el suyo.

Julia es una persona risueña y generosa, el tipo de persona con el que te sientes cómoda porque está tan ocupada con sus propios defectos que se le olvidan los de los demás. Tiene una sencillez especial que le da un toque de belleza extra, es inteligente, fuerte y soñadora. Como todo el mundo tiene un millón de defectos, porque si no los tuviera seria un extraterrestre, pero sus tres millones de virtudes los compensan con creces.

Podría hablarte de los defectos de Julia para que te pusieras mejor en su piel, pero no lo voy a hacer. Prefiero que sepas la historia que yo quiero que viva Julia de ahora en adelante:

Gracias a la sensación de vació constante y la angustia que sentía, un día Julia empieza a buscar cómo puede sentirse mejor. Decide sacar tiempo para sí misma, para conocerse,  viajar, encontrar que es lo que le apasiona en la vida…

Todo esto le hace entender que si quiere ganarse el respeto de los demás la primera que se tiene que respetar es ella misma, y así con todo. Si quiere que su opinión sea importante la primera que tiene que creer en la importancia de esa opinión es ella.

Con el tiempo empieza a darse cuenta de que la opinión de los demás no es más importante que la suya y que, aunque parezca mentira, el resto del mundo tiene sus propias preocupaciones acerca de sus inseguridades como para centrarse en las de los demás. Decide también que los pocos que se pasan el día pensando en los demás sin mirar como son ellos (persona no autocríticas) no le interesan porque no tienen los mismos objetivos que ella, por lo tanto sus opiniones no le importan. A partir de aquí Julia empiece a sentirse cómoda consigo mismo en público y menos expuesta.

Más adelante descubre que es lo que le apasiona tanto que le da un sentido a su vida y empieza  a volcarse en ello. Se libera de las cadenas a un trabajo que no le satisface y se lanza a la vida, con mucho miedo, pero con la fuerza que siempre le ha caracterizado. Porque si no vives de acuerdo a tus valores tu cuerpo te acaba pasando la factura, una cosa que Julia aprendió cuando tocó fondo.

Aquel momento en el que el vacío de su pecho era tan grande que a veces le costaba hasta respirar. El momento en que empezó a perder a muchísimas personas de las que ella llamaba amigos, ese momento en el que ni siquiera su propia familia toleraba bien estar a su lado, nadie sabía cómo ayudarla pero ella tampoco se dejaba. Es evidente que fue duro para Julia, pero si no hubiera pasado hoy no sería la que es. Una persona segura de si misma, que sabe que tiene defectos pero que se acepta tal y como es, que está atenta a como se siente y que necesita su corazón. Desde que Julia pasó todo aquello no ha vuelto a ser la misma, pero se ha convertido en alguien mejor.

La solución para Julia (que compartiré en el próximo artículo) ha sido darse cuenta de que el problema es el filtro, algo que depende totalmente de ella y que puede cambiar siempre que quiera. Cuando comete algún error se recuerda a sí misma cuáles son sus virtudes. Cuando se siente incómoda o insegura con lo que hace se recuerda todo lo que ha conseguido. Cuando cree que no es lo suficientemente interesante, observa a todas las personas que están a su lado, las que sabe que la quieren con todo. Es verdad que es mucha menos gente que antes pero tiene mucha más calidad.

Ella todavía no lo sabe, pero esta será la historia de Julia. Lo será porque como ella somos muchas las que nos hemos sentido al límite. Personas a las que la vida nos ha pesado en los hombros más de lo que debería en algún momento, que necesitamos un ejemplo de superación, una Julia que nos recuerde que nosotras somos lo suficientemente buenas, lo suficientemente importante, que valemos.

Cuando voy por la calle veo cantidad de Julias y en la mayoría de ocasiones, si las observo más de 5 minutos seguidos, me doy cuenta de que son chicas alucinantes que todavía no saben que lo son.

¿Y tú? ¿Cómo vas a acabar tu historia? Te animo a comentarme si te sientes identificada con Julia y que más cambios harás para mejorar su situación y la tuya. ¡Aprendamos juntas! Y si te ha gustado esta historia no dudes en compartirla.

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2 Comentarios

  1. Me ha encantado lo de que nuestra opinión tiene que ser la más importante. Bueno me encanta todo lo que escribes, ¡¡un abrazo amiga!!

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