Retirarse a tiempo es la mejor ayudaEl día que entendí que retirarse a tiempo es la mejor ayuda que podía brindar a una de las personas más especiales de mi vida, fue un día bastante triste para mí. Verás seguramente si hace tiempo que me lees ya lo sabrás, pero por si no es así, me encanta brindar mi apoyo a todo el mundo. Me hace sentir tan bien y tan útil que en algunos momentos acaba siendo un acto egoísta más que altruista. No es que sea yo María Teresa de Calcuta precisamente, pero lo disfruto.

Esta semana ha sido una semana bastante dura para una parte de mi entorno. Por eso yo, como siempre, he decidido estar ahí para ellos. En parte porque la situación también era dolorosa para mí, en parte porque era donde quería estar.

Rescatar es imposible cuando no te has rescatado a ti primero

sentirse inseguraCon lo que no contaba yo cundo fui toda valiente a apoyar a los míos, es que todas las personas que estaban allí pertenecían a una época que desde luego no es la actual. Sin mencionar que esa parte de mi vida es dolorosa porque decidí abandonarla en un momento en el que me pareció lo correcto y en el que no podía más. Quizá en otro momento no lo hubiera hecho, quién sabe

Así que me plante allí, a rescatar al único amigo que me había quedado de esa época. Enfrentándome a una vida ya pasada, a un trabajo que dejé y a unas “amigas” con las que llevaba más tiempo sin hablar del que me parecía. Por no hablar de mis emociones de entonces, que vinieron a mí una detrás de otra para recordarme que no había superado ninguno de los puntos que allí dejé. Durante todo este tiempo simplemente he mirado hacia otra parte.

Evidentemente esos días el protagonismo no era mío y el dolor de la situación era mucho más grande que el de enfrentarme a ninguna de estas cosas. Por eso, me propuse dejar las tonterías a un lado y ayudar, aunque en el intento empecé a involucrar mis sentimientos y mis emociones a veces perjudicando más de lo que ayudaba.

Entonces entendí: “retirarse a tiempo es la mejor ayuda”

Ser altruista

Tras varios días reflexionando acerca del porqué me sentía tan mal, y con más ganas de recibir yo el apoyo de mi amigo del que seguramente necesitaba él de mí, me di cuenta. Estaba anteponiendo mis necesidades a las suyas y no solo no le estaba ayudando sino que le estaba incordiando más todavía, como si no tuviera bastante.

Tuve que pelearme bastante conmigo misma para reconocer que no era eso lo que necesitaba y que me estaba engañando muchísimo fingiendo que él necesitaba mi ayuda y que por eso estaba ahí día tras día entorpeciéndole la recuperación.

Cuidando de mí misma y dejando que cada uno se manifieste con libertad

aprender del sufrimiento

Tras esta decisión me retiré hasta que él me necesite y me dedico a curar mi dolor, a investigar porque me dolió tanto remover el pasado y que puedo hacer para seguir adelante sin que la culpa me mate.

Por suerte, las emociones son transitorias y saber que con el tiempo pasará me da una perspectiva bastante más agradable. También por suerte ahora entiendo mejor que nunca que lo que más me duele es que hay cosas que jamás podré cambiar pero que juzgarlas desde la perspectiva que tengo ahora, sin contemplar cómo me encontraba cando tomé esas decisiones, no es justo. Tampoco es justo usar un momento de dolor para machacarme por no haber hecho las cosas mejor y, por supuesto, no es nada justo estar achuchando a un amigo solo por egoísmo.

Conclusión. ¿Qué he aprendido esta semana?

Después de esta semana, reconozco que una de las más desagradables que he tenido en los últimos años, he aprendido que, a veces, cuando estás demasiado por otra persona, tanto que hasta te sientes mal por ello, quizá  la que se tiene que brindar apoyo y escucha eres tú.

Porque si ni yo sé cómo me siento, como voy a ayudarte a ti; y lo peor, si yo no he sabido gestionar las cosas como voy a enseñarte o a ayudarte a gestionarlas a ti.

Así que a partir de este momento a mis amigos, especialmente a los que sé que lo están pasando mal, les dejo la libertad de contactar conmigo cuando lo necesiten y les digo que estaré ahí siempre, pero en silencio.

También he aprendido que por mucho que le des la espalda a lo que no te gusta o no te interesa asumir, antes o después vuelve la sombra para recordarte que ahí hay cosas que no has dejado cerradas y que duelen.

La vida es así, te va repitiendo una y otra vez las cosas hasta que aprendes a aceptar y sueltas.

Aceptar el dolor, la perdida, tus propias decisiones, o lo que sea que necesites.

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