La exclusión produce sentimiento de rechazo

Excluded de Markus Spiske

¿Qué hay detrás del sentimiento de rechazo? ¿Es siempre algo que  otros me hacen sentir? ¿O algo que siento yo sin que sea necesario que me estén rechazando?

Cuando llegué a Barcelona, exclusivamente por trabajo, empecé trabajando en una clínica pequeña. En aquella pequeña clínica experimenté, por primera vez desde mi llegada, el sentimiento de rechazo.

A las pocas semanas de entrar a trabajar empecé a  notar lo poco que encajaba con mis compañeros. No sabía si era porque  entre ellos ya se conocían o simplemente porque “no les gustaba yo”. Empecé a sentirme mal con la situación. Notaba como me excluían de cosas que yo creía importantes. Y mi autoestima recayó tanto que me cuestioné en varias ocasiones si era posible que no valiese para ese trabajo. Tuve que apoyarme en varias ocasiones en la gente que me quiere para recordar que no valía menos por que otros no lo vieran. Me replanteé mil veces si darme media vuelta y volver a casa. 

Entre tanto, cada vez hacía peor mi trabajo y cada vez era más evidente que no estaba bien. Los pacientes empezaron a ver el sacrificio que me suponía sonreír y mis jefes  me llamaban la atención. Cuanto más intentaba encajar y hacerlo todo perfecto para sentir la aprobación de mis compañeros, más errores cometía. El miedo a equivocarme me llevaba a hacerlo todo mal y del revés.

El sentimiento de rechazo te hace sentir sola

Al cabo de 6 meses me di cuenta de que ir al trabajo se había convertido en lo que llamaba “ir al matadero”.  Pasaba los fines de semana con un nudo en el estómago ante el temor de ver cuál era la bronca del lunes siguiente… Hasta que decidí que había llegado el momento de anteponer mi bienestar y dejar el trabajo.

Sabiendo lo que suponía, y con el suplemento de que había dejado a toda mi familia y amigos para ir a una ciudad que no era la mía sólo por trabajo,  hablé con mi jefe para poner fin a mi estadía en su empresa.

Fue entonces cuando empecé a entender que  ellos no me habían rechazado, y tampoco había sido víctima de un complot para que me sintiera mal; durante los seis meses en la empresa, tanto mis dos jefes como mis compañeros, creían que era yo la que no tenías ganas de estar allí. Que era una persona que pasaba de todo, a la que no le preocupaba ni un mínimo  el bienestar de la empresa. Que lo que realmente me  preocupaba era el sueldo y que hacía las cosas mal a propósito. Y lo que más me llamó la atención ¡¡¡que era una chica seria!!! ¡¡ Seria!!  ¡¡Yo que sonrío hasta cuando me dan una torta!!

Esta fue una verdadera lección para mí, pues en los 15 días ulteriores que seguí trabajando, me descubrí yendo contenta a trabajar, integrada y hasta bromeando.  Durante  esos 15 días me recuperé a mí misma y con ello mi seguridad. De rebote empecé a llevarme genial con mis compañeros y con mis jefes.

Con todo, no me atreví a dar marcha atrás en mi decisión, sobre todo porque tenía miedo a volver a sentirme igual. De alguna manera, había interiorizado la presión por encajar y no quería que esa necesidad  volviese a convertir mi vida laboral en una mala pasada.

Tener ideas

Entonces ¿hasta qué punto soy la rechazada o la que se aparta sin necesidad de que nadie lo haga por mi?

Evidentemente siempre hay gente más o menos integradora y empática pero hay que tener en cuenta que en cada situación nosotras somos las responsables de como lo vivimos. ¿Cómo lo  vives tú? ¿Es para ti una tragedia o una forma de aprender a romper con tus inseguridades, quererte y aprender dónde están tus límites?

Te animo a que me comentes y me digas si tú también te has sentido rechazada en alguna situación y que aprendiste de ello.

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