Si sientes que pasas más tiempo enfadada que de buen humor, que la vida no para de ponerte zancadillas. Constantemente te aferras a lo que eras o a lo que será de ti pero nunca a lo que eres en este momento. Si te cuesta hacer cambios y salir de tus rutinas habituales. Si pierdes mucho tiempo en actividades que no te nutren demasiado: televisión, redes sociales… (depende lo que hagas en ellas). Si te cuesta muchísimo perdonar y/o si te preocupa lo que opinen los demás de ti, especialmente cuando también te preocupa la opinión de los que no te conocen. Entonces eres una persona tirando a negativa. No te preocupes porque esto no es para siempre y por supuesto no eres la única.

¡Bienvenida! 

Vaya gracia que te acaba de hacer que te diga que eres negativa y que podemos mejorarlo ¿no? Me imagino que no es plato de buen gusto.  Pero no te sientas mal, yo también lo soy muchas veces ,y como tú y como yo hay millones y millones de personas. Es difícil ser positivo cuando todo tu alrededor se centra en que no lo seas (las noticias siempre son negativas, todo está enfocado en prevenir peligros en lugar de recordar que va bien…). Además tenomos predisposición a recordar lo negativo frente  a lo positivo porque esto puede salvarnos a la hora de enfrentarnos al “peligro” en el futuro, cosas de nuestra mente evolutiva que está venga a protegernos.

Por eso he pensado en recapitular algunas herramientas que creo que pueden ayudarnos en nuestro viaje hacia la positividad.

¡Ojo! Esto no quiere decir que nunca podemos permitirnos estar mal, ni que todo vaya a ser un camino de rosas porque la vida es nubes de azúcar y cosas a lo Mr. Wonderfull. De eso nada, los días malos los tenemos todos y es muy positivo permitírnoslos. Lo que si sería interesante es no recrearnos en ellos y aprovecharlo para hundirnos en un pozo hondo quitándonos responsabilidades porque la vida, los chicos, las amistades o lo que sea que te apetezca culpar, son una mierda.

De negativa a neutra en 7 pasos:

1. La responsable soy yo

Y tú ¿Cómo ves la copa?¿Medio vacía o medio llena?

Bendito el día en el que me dí cuenta de que el problema de que yo estuviera en una situación de desesperación absoluta, planteándome porqué mi vida era una mierda, era completamente mía.

Nos pasamos gran parte del tiempo buscando culpables pero ¿Y nosotras? ¿Que responsabilidad tenemos en lo que nos pasa? Pues yo te lo digo: Toda. La clave está en cómo me lo tomo y que decido hacer con ello.

Nunca habéis oído a un amigo diciendo: “que mala suerte tengo”, “últimamente todo me va mal”, “que he hecho yo para merecer esto” (esta frase fue mi eslogan durante unos cuantos años). Y cuando le preguntas que está haciendo para mejorarlo no sabe que contestarte. Este es el tipo de actitud que tiene una persona victimista, y te aseguro que es una actitud que sólo nos ayuda a sentirnos solos y completamente fuera de lugar.

También está el que se pasa la vida luchando pero que sigue enfocándose en el exterior, en que problema hay fuera para que yo esté así.

La responsabilidad de cómo me estoy sintiendo yo es absolutamente mía, si no me enfoco en el interior, por más que arregle lo exterior, seguiré sintiéndome mal.

Por eso, coge las riendas de tu vida y asume tu responsabilidad. Recuerda siempre que los hechos son externos el enfoque lo pones tú. A mí me funciona mucho preguntarme que estoy aprendiendo de esta situación desagradable, ¿que ha venido a enseñarme?

Esto no quita que pasemos por situaciones muy desagradables como puede ser la muerte de un ser querido o la  enfermedad, o cualquier situación negativa de las que produce frustración ante el no poder hacer nada.

Estar tristes, pasar épocas dolorosas y vivir situaciones injustas es algo que todos hemos vivido y por lo que es normal que nos hundamos, el problema es cuando nos recreamos en nuestras desgracias. Estoy segura de que hay gente que ha salido de situaciones parecidas, por eso, busca en esas personas las claves, llora mucho y aprende de la situación tanto como puedas, pero por favor no tires toda tu vida por la borda ante una situación injusta.

2. Mira la televisión lo menos posible (es más negativa que el culo de una pila)

Como ya te he dicho antes si te fijas tanto las noticias, los “reality shows”, y la mayoría de programas televisivos, no solo atontan el cerebro y te hacen perder un montón de tiempo, sino que encima siempre te hablan de lo que va mal. Lo que puede pasar si se complica esto o aquello, de lo triste que es la vida de fulano o de mengano y de la cantidad de secretos oscuros que tiene el mundo.

La pura verdad es que la tele es un medio muy sensacionalista, se enfocan en la catástrofe, la pena y la desgracia para causar morbo y audiencia. No hagas ni caso.

En el mundo hay personas maravillosas a las que sólo les hace falta saber que lo son (la gran mayoría), lugares de una belleza incalculable y sabiduría a raudales. El mundo en realidad es un lugar hermoso lleno de vidas interesantes y misteriosas. Escuchar a los cuatro que les va mal diciéndote lo mal que te va a ir a ti sin ni siquiera saber quién eres o que te gusta no es nada productivo. Por no hablarte de la cantidad de miedos que nos inculcan: Que si es peligroso ir solo fuera de tu continente, país y a veces hasta de tu ciudad. Que si la vida es dura y vamos a morir todos. En fin, lo dicho, ni caso.

3. Descubramos cosas nuevas

Lánzate a vivir experiencias nuevas, sal de tu zona de confort y deshazte de los “peros” para siempre.

descubrir el mundo viajando

No moverse de la comodidad del entorno es peligroso, nos lleva a creer que todo lo que hay fuera de ese entorno es arriesgado y desagradable. Lo peor es que pensar así nos limita mucho y nos impide abrir nuestra mente a conocer otras ideas y cambiar nuestros hábitos más antiguos, algunos de esos hábitos que no nos aportan ningún beneficio. Nos impide crecer en cierto modo y conocernos mejor. Si siempre haces lo mismo es difícil aprender algo nuevo.

Te propongo que durante estas semanas vayas pensando que cosas nuevas puedes experimentar, la semana que viene ya las pondrás en práctica. No hace falta hacer el viaje de tu vida, una simple salida de domingo al pueblo de al lado puede ayudarte a salir de tu zona de confort. También puedes probar un tipo de comida nueva (hay que aprovechar que ahora tenemos tantos sitios de comidas exóticas). O bien, apuntarte a clases de algo que no hayas hecho nunca…

Seguro que si te esfuerza hay un montón de cosas nuevas que te apetece probar y no lo haces por comodidad o por miedo.

4. Más autoconfianza y autoestima

Que no te afecte lo que digan de ti. Confía en ti, en tus decisiones, en lo que haces. No dejes que otros decidan por ti cuáles son tus virtudes y tus defectos, al fin y al cabo nadie vive dentro de ti para saber cómo te sientes y a que se debe cada una de tus acciones, sólo tú puedes saberlo y por eso el criterio de los que no lo saben te debe importar más bien poco.

Unida de una forma directamente proporcional a la autoconfianza está la autoestima, si intentas aumentar una de rebote aumenta la otra y a la inversa.

Las personas que tienen una autoestima y autoconfianza alta no suelen ser negativas, pues si tienes una alta valía de ti no tienes preocupación ni por los demás ni por lo mal que te van a salir las cosas, pues sabes que encontraras la manera de salir adelante y confías en que tienes la capacidad de aprender de ello.

5. Menos pasado y más presente

Aprende a vivir aquí y ahora, y no solo me refiero a practicar Mindfullnes (que es una buena forma de empezar a ser consciente del presente). Me refiero a que de vez en cuando pares, observes a tu alrededor, y disfrutes.

Como dije en 5 claves para disfrutar de la imperfección [y de la vida], a veces estamos tan ocupados pensando en lo que tenemos que hacer después o en cómo nos ha salido lo anterior, que se nos olvida disfrutar de lo que estamos viviendo ahora.

Sobra decir, que cuando hablamos del pasado a gran escala, de nuestra historia familiar, de nuestras heridas emocionales, es aplicable. Ya lo sé, no hay que tapar las cosas, está bien procesarlas, está bien desenterrarlas en el presente para sentir el dolor y dejar que cicatricen. No solo está bien si no que es preciso. Pero una cosa es tratar con el pasado para solucionar el presente y otra muy diferente, usar el pasado para determinar el presente.

Para explicarte esto último te pondré un ejemplo. Teresa tiene un padre enfermo y una madre alcohólica porque no ha podido afrontar mejor la enfermedad de su marido, una enfermedad degenerativa que hace que cada vez necesite más cuidados y más dinero para mejorar las condiciones.  Evidentemente su infancia no ha sido nada agradable y finalmente sus abuelos decidieron meterla a un colegio interno del que salía los fines de semana, iba directa a casa de sus abuelos porque la situación en su casa cada vez iba a peor. ¿Qué como ha salido adelante Teresa con todo esto? Pues cómo ha podido. Pero el caso es, que aunque su situación sea una mierda y tenga que enfrentarse a ella para dejar que salga el dolor que le produce y poder vivir con menos cargas, de nada vale utilizarla para autocompadecerse. Es una situación dura y lo ha pasado fatal, pero meterse en el circulo de “no me puede ir mejor por la situación que he tenido en la vida” no es real. Puede que Teresa tenga más trabajo para tener una vida plena, rodeada de amor y sueños cumplidos. Pero  quizá hasta tiene algo más de trabajo hecho frente a alguien que nunca se ha tenido que plantear nada. Y, por supuesto,  las mismas oportunidades que el que lo ha tenido fácil.

No dejes que tus situaciones pasadas condicionen tu presente, disfruta de lo que tienes y acepta lo que te falta.

6. Céntrate en ti misma y deja que los demás se lo gestionen solos

Antes de mirar que está haciendo el de enfrente, mira a ver qué estás haciendo tú y cómo.

Todos sabemos mirar hacia fuera, y es mucho más fácil ver los fallos de los demás,  pero mientras estamos ahí no estamos mirando en que fallamos nosotros.

Y aquí viene cuando yo decía: Ya, pero es que él es el que me hace sentir mal, él es el que me corta las alas, él el maniático de la limpieza que me critica por dejar una miga en la mesa… Siempre es él el culpable. ¿Recuerdas que te he dicho de echar culpas fuera en el primer apartado?

La que se siente mal soy yo, la que deja que sus alas desaparezcan yo, la que se siente dolida por las migas soy yo. O busco soluciones bien comunicándome con él y explicándole que me hace daño y dejo de interpretar mal las cosas, o bien me alejo de la persona que me limita, como última solución.

Por tanto, deja de criticarle a él o ella y céntrate en que puedes hacer tú para solucionarlo. Deja de fijarte en sus defectos y pregúntate por qué te molestan.

7. No renuncies a la primera de cambio

Estamos acostumbradas a que si no somos las mejores en algo no vale la pena intentarlo. Pero la realidad es que somos muchos millones de habitantes en el planeta tierra, y siempre va a haber alguien que lo haga mejor que nosotras. Qué más da. Como dicen el refran “el que hace lo que puede no está obligado a más”. Se trata de hacerlo lo mejor que podemos, no perfecto. Así que ni se te ocurra renunciar a la primera de cambio sólo porque hay alguien que lo está haciendo mejor que tú.

Una de las claves para no abandonar según Antonio G.  de Inteligencia Viajera (otro de mis bloggers de referencia) es que no olvides que sea afín con tu propósito (que quieres aportar al mundo) y con tu vocación (que es lo que se te da bien hacer y además te gusta).  ¡Ánimo!

Y si ves que no puedes con ello porque te aburre soberanamente, porque no te motiva o porque te hace infeliz, entonces sí, déjalo. Pero sólo entonces.

Si enfocas tu vida de la manera adecuada no habrá reto que se te resista.

Y para acabar

Me gustaría contarte que estoy decidida a aprender contigo, porque esa es mi meta, aprender todo lo posible sobre cómo tener una vida plena y llena de amor a mí misma. Por eso, si quieres unirte conmigo a este aprendizaje colectivo te reto a que me escribas en los comentarios (o por cualquier otro medio) que ideas tienes tú para dar un poco más de esquinazo a la negatividad, o como yo la llamo, al “verlo todo negro”.

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¡Nos vemos dentro!

 

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