El arte de ser imperfecta

Respetarte, aceptarte, quererte y todas esas cosas que acaban en -te son posibles.

¿Cómo tomar una decisión? Aprende a respetarte a través de las decisiones

necestitas escucharte para tomar una decisionQué difícil es tomar una decisión, aceptarla y enfrentarte a ella, aun cuando haces daño a otras personas.

Qué difícil es decir no te quiero mirando a los ojos a alguien, sabiendo que en tu corazón si hay amor, pero no es el amor que quieres sentir por alguien que va a estar a tu lado para “siempre”.

Qué difícil es respetarte a ti misma cuando sabes que la decisión que estás tomando te hace daño también a ti, y no porque no sea la buena, la que quieres o la que necesitas; hace daño porque tienes que renunciar a algo.

La mayor parte de las veces, decidir es ganar a cambio de renunciar a otra cosa. Cuando renunciamos a unos doritos por unos  conos 3D evidentemente no es una perdida grande, los doritos seguirán ahí el próximo día, pero cuando renunciamos a una persona, a un trabajo o a una amistad, las cosas cambian.

En el fondo sabes  que seguramente estés renunciando para siempre. Sabes que cuando vuelvas ya no estarán ahí, ya no estará ahí el trabajo en el que ofrecieron la oportunidad de ser fija, ni una persona que te ha querido con todos tus defectos y te ha respetado más de lo que tú te respetaras jamás. Este tipo de cosas, son cosas que ya no volverán.

Aun sabiéndolo, elijes perderlo porque al otro lado de esa renuncia están tus sueños, tus ilusiones y tus esperanza. Está lo que te llama la atención, lo que siempre te la ha llamado, lo que lleva años gritándote desde todas partes.

No sabes si saldrá bien o será un terrible error y a pesar de ello por primera vez sabes que estás tomando la decisión correcta, pero eso no la convierte en más fácil.

¡Ojalá se pudiera elegir sin renunciar a nada!

Por otra parte que fácil es dejarse llevar por la comodidad, engañarse a uno mismo diciéndose que sólo es ruido, que en realidad aquí estoy bien”.

Reflexionaba mientras hablaba conmigo, o mejor dicho mientras yo hablaba (más sola que con ella).

Tomar una decisión no es fácil

—¡Laura! ¿Me has escuchado?— le pregunté tras 5 largos minutos de espera.

Llevaba toda la tarde espesa, hacía poco que sus proyectos habían cambiado de forma y de color y estaba teniendo que dejar muchas cosas atrás. Yo de vez en cuando le preguntaba si estaba convencida de que valía la pena pero no me hacía falta la respuesta, su cara cuando hablábamos de su nuevo proyecto lo decía todo.

Durante años tuvo una vida que no le gustaba, iba al trabajo cada mañana en modo semiautomático con el mismo desayuno y los mismos horarios un día tras otro.

Un día Laura se dio cuenta de que quería decidir su vida, cogió el toro por los cuernos y se fue de viaje completamente sola, pensó que esa sería una buena manera de conocer mejor que necesitaba.

viajar nos ayuda a tomar decisionesEn ese viaje conoció a otras personas, otras maneras de ver la vida, descubrió que nadie pasa por tu vida por casualidad y que todos tenemos algo que nos atormenta (no hace falta que sea un delito, me refiero a una pena, un lastre, una piedra pesada en la mochila que nos impide avanzar o nos hace avanzar con más lentitud). También aprendió que al día siguiente todo empieza de nuevo, que los días malos no duran para siempre, que con el nuevo día uno se levanta revitalizado. Aprendió que podía hacerlo sola, que necesitaba a otras personas evidentemente, pero que no dependía de ellas.

Entonces se dio cuenta de que ya no tenía miedo  a seguir lo que su corazón le pedía. Y sin más rodeos se puso manos a la obra y empezó a tomar decisiones.

Decidió encontrar otro trabajo que le permitiera seguir sus sueños, que quería enfrentarse a sus problemas familiares y que a veces estar sola era mejor que acogerse a la primera persona que la cuidase, ella también podía hacerlo por sí misma.

Entendió que:

Uno está menos solo cuando no se empeña en viajar acompañado.

Pocas semanas después de volver  se dio cuenta que su vida nunca volvería a ser la misma, intentaría escuchar a su corazón tantas veces como lo necesitara. Ya no tenía miedo a tomar decisiones.

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A todos nos cuesta decidir. Es difícil escuchar a nuestro corazón cuando te pide lo contrario a lo que se te ha dicho toda tu vida, o bien cuando no es algo cómodo de oír.  Por ejemplo: “pídele perdón a tu madre, ya sabes que la verdad es que la quieres” o “esta casa perfecta con este tío perfecto no es lo que quieres de verdad, sal de la perfección  y arriésgate a quedarte sola y sin casa” o “dame de comer un poquito de salmón con setas exóticas, me gusta la comida cara” (vale, esto último no lo pide un corazón, lo pide un estómago).

Bromas aparte, lo cierto es que escuchar a tu corazón y hacerle caso es difícil. En cambio sienta bien, sientes que estás haciendo lo correcto, puede que en algún momento fracases pero no te importa porque toda tu persona está en paz cuando haces lo que sientes de verdad.

No te hace falta irte de viaje sola, como Laura, para decidir tu vida; sólo necesitas sacar el espacio para escucharte de verdad.

Decidamos cada día, decidamos sin miedo, decidamos con amor, da igual el contexto, decidamos con valentía.

¿Y tú? ¿Quieres descubrir los beneficios de ser consecuente con tus valores, tus necesidades o anhelos?

Conoces la famosa frase “¿Qué harías si no tuvieras miedo?” Te reto a que me lo cuentes en los comentarios.

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2 Comentarios

  1. Me quedo con esa frase. Decidamos con valentía. ¡Me ha encantado este artículo! Gracias 🙂

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